Muchas organizaciones llevan a cabo acciones vinculadas con la sustentabilidad (ambientales, sociales, de bienestar, iniciativas con la comunidad), pero eso no significa necesariamente que tengan eso no significa que tenga este tipo de cultura.
El salto ocurre cuando esas acciones dejan de estar aisladas, se conectan bajo una misma mirada y empiezan a formar parte de las decisiones y los comportamientos cotidianos de toda la organización.
Es que la sustentabilidad funciona mejor cuando no pertenece exclusivamente a un área, un comité o un grupo de personas, sino cuando atraviesa el negocio y conecta el desarrollo económico con el bienestar de las personas, el vínculo con la comunidad y el cuidado del ambiente.
¿Cómo pasar de acciones aisladas a una mirada integral?
Una estrategia no necesariamente implica crear algo nuevo: muchas empresas ya tienen iniciativas sustentables, pero dispersas. El desafío consiste en conectarlas bajo objetivos comunes y gestionarlas de forma ordenada. Así se pasa de sumar acciones a construir impacto real.
En muchas organizaciones ya existen iniciativas con impacto ambiental o social, políticas vinculadas con el bienestar, acciones con la comunidad o decisiones orientadas a utilizar mejor los recursos. El problema aparece cuando cada una funciona por separado y resulta difícil reconocer qué tienen en común o qué objetivo mayor están ayudando a alcanzar.
Es el caso de CoopMorteros, donde este fue uno de sus primeros desafíos. Por su naturaleza cooperativa, muchos de estos principios ya formaban parte de la organización. Pero, en 2023, la declaración de una nueva misión, visión y valores corporativos les permitió empezar a conectarlos explícitamente con su desarrollo económico, social y ambiental.
Tal como lo explica su Gerente de Recursos Humanos, Cristian Durán, “Entendimos que no se trataba de desarrollar acciones aisladas, sino de identificar todo lo que CoopMorteros ya hacía en materia ambiental, social y económica, y empezar a gestionarlo bajo una misma perspectiva de sustentabilidad”.
La diferencia es sumamente importante, porque una organización puede tener muchas iniciativas sustentables sin que la sustentabilidad todavía funcione como una mirada transversal. Construirla implica encontrar los puntos de conexión, definir qué se quiere conseguir y entender qué puede aportar cada área.
La transversalidad no implica que todos hagan lo mismo, pero sí que cada parte de la organización pueda reconocer qué decisiones también contribuyen a ese objetivo común.
¿Por qué la transversalidad es clave en una estrategia sostenible?
No alcanza con que la estrategia esté “en papel” o en la alta dirección. La sustentabilidad debe permear todas las áreas, orientando decisiones cotidianas. Cada sector necesita reconocer cómo sus acciones contribuyen al objetivo general, incluso si sus tareas parecen alejadas del tema ambiental.
Si los compromisos quedan concentrados en la alta dirección, Recursos Humanos, Sustentabilidad o un comité especializado, pueden existir como estrategia sin necesariamente modificar la experiencia de los colaboradores.
El desafío es llevar una ambición grande a una pregunta mucho más sencilla: ¿qué puedo hacer yo desde mi lugar?
En CoopMorteros, algunas respuestas empezaron a partir de acciones concretas: separar residuos, reducir impresiones innecesarias, promover alternativas de movilidad, realizar capacitaciones y campañas de sensibilización o consultar a los colaboradores sobre sus hábitos.
Partamos de la base de que no todas las acciones tienen que ser enormes para generar impacto. “Separar un residuo, evitar una impresión innecesaria o elegir una forma de movilidad más sustentable puede parecer algo pequeño de manera individual, pero adquiere otra dimensión cuando se convierte en un hábito compartido por toda la organización”, afirma Durán.
Ahí aparece una diferencia fundamental entre implementar una iniciativa y transformar una cultura. Porque una acción puede ser individual, pero un hábito compartido empieza a ser cultural.
El gran reto es convertir metas en conductas cotidianas. Preguntate: “¿Qué puedo hacer yo desde mi lugar?”. Separar residuos, reducir impresiones o promover movilidad sostenible son pequeños gestos que, cuando se vuelven hábitos colectivos, transforman la cultura.
Antes de decidir qué comportamientos modificar, hay una pregunta anterior y es ¿qué hacemos hoy?
Por ejemplo:
- ¿Cómo utilizamos los recursos?
- ¿Cuánto consumimos?
- ¿Qué descartamos?
- ¿Qué prácticas ya incorporamos?
- ¿Qué hacemos por costumbre, aunque exista una alternativa mejor?
- ¿Qué iniciativas sociales o ambientales ya están sucediendo sin que las reconozcamos como parte de una estrategia mayor?
Observar hacia adentro permite construir un punto de partida real.
Por eso, además de implementar acciones, en CoopMorteros comenzaron a utilizar encuestas internas para conocer los hábitos de sus colaboradores. Se dieron cuenta que para las personas resulta difícil transformar aquello que todavía no conocen.
Escuchar también permite evitar otro riesgo y es el de diseñar una estrategia de sustentabilidad desde lo que la organización supone que sucede, en lugar de hacerlo desde lo que los colaboradores efectivamente viven y hacen.
Primero hay que observar, después ordenar y, a partir de ahí, establecer prioridades, indicadores y objetivos alcanzables.
¿Por qué generar un cambio cultural implica esfuerzo?
Cambiar hábitos no siempre es cómodo: separar residuos o dejar de imprimir requiere atención extra. Mostrar el impacto tangible de esas acciones ayuda a que las personas encuentren sentido y no lo vivan como una obligación.
Modificar rutinas no es cómodo. Separar residuos lleva más tiempo que tirarlos juntos; dejar de imprimir obliga a cambiar hábitos. Para sostener el cambio, hay que mostrar su impacto: ¿qué logramos gracias a eso? Cuando la gente ve resultados, el esfuerzo cobra sentido.
Hay un aspecto de la transformación sostenible del que se habla bastante menos y es que cambiar hábitos requiere de esfuerzo.
Separar correctamente los residuos puede llevar más tiempo que descartarlos todos juntos. Dejar de imprimir obliga a modificar una rutina. Cambiar una práctica instalada implica prestar atención a algo que antes se hacía automáticamente.
Cristian Durán lo plantea de una manera muy concreta para el caso de CoopMorteros: “Es más cómodo tirar todos los residuos en un solo lugar que hacer una separación responsable. Es más cómodo tener una impresora cerca del escritorio que dejar de imprimir. Cuando comprendemos que es incómodo tener una mirada sostenible, debemos anclar cada acción con un impacto real.”
Y este punto es central para cualquier transformación cultural. Pedir un comportamiento diferente sin mostrar para qué sirve puede convertir la sustentabilidad en una obligación más. En cambio, hacer visible su impacto ayuda a transformar el esfuerzo en sentido.
Los colaboradores necesitan poder conectar aquello que se les pide hacer con el resultado que están ayudando a generar.
¿Cómo visibilizar el impacto para generar compromiso?
Mostrar datos concretos (cuánto se recicló, en qué mejoró la organización, cómo se benefició el entorno) ayuda a cerrar el círculo entre acción individual e impacto colectivo. Esto convierte una obligación en un propósito compartido y refuerza la motivación.
¿Qué sucede con los residuos que separamos? ¿Cuánto conseguimos reducir? ¿Qué cambió gracias a una determinada iniciativa? ¿Cómo contribuye nuestro trabajo a un resultado ambiental, social o económico más amplio?
Mostrar esas respuestas permite cerrar el círculo entre la acción individual y el impacto colectivo.
En CoopMorteros, por ejemplo, los residuos separados se comercializan y esa contraprestación vuelve a los colaboradores a través de acciones concretas como regalos, por ejemplo, plantas para los empleados. Al mismo tiempo, comunicar el impacto ambiental y social de la cooperativa permite que las personas comprendan mejor qué están construyendo con su trabajo.
“Cuando los colaboradores conocen el impacto ambiental y social que genera la cooperativa, pueden dimensionar que su trabajo diario también forma parte de algo más amplio”, dice Durán.
Entonces sucede algo interesante y es que la conversación sobre sustentabilidad empieza a exceder la propia iniciativa.
Los residuos, las impresiones o el uso de los recursos empiezan a aparecer en las conversaciones cotidianas. Así, crece la conciencia sobre determinadas decisiones y las personas pueden reconocer su propia contribución.
Y ahí la sustentabilidad comienza a conectarse con otro componente central de la experiencia del colaborador: el orgullo de pertenencia.
¿Cómo conectar la sustentabilidad con el orgullo de pertenencia?
Cuando los colaboradores entienden que su esfuerzo contribuye a algo más grande, crece el orgullo de pertenecer. Reconocer los logros y certificar prácticas (como ISO 14001) refuerza esa conexión y motiva aún más el cambio cultural hacia la sostenibilidad.
Sentirse parte de algo más amplio cambia la manera en que interpretamos nuestro aporte.
Cuando un colaborador es capaz de conectar una decisión aparentemente pequeña de su trabajo con un impacto colectivo que valora, esa acción adquiere otro significado. Ya no se trata solamente de cumplir con una nueva práctica, sino de entender qué estamos ayudando a construir.
En CoopMorteros, por ejemplo, están avanzando en la certificación ISO 14001 de manera voluntaria. Para la organización, la decisión no está vinculada solamente con alcanzar un estándar ambiental, sino también con reconocer el trabajo que sus colaboradores vienen realizando.
Y su Gerente de Recursos Humanos lo resume en una frase que condensa buena parte de este proceso: “Trabajar en el orgullo de las personas motoriza el cambio cultural hacia una mirada sostenible.”
Esto se convierte en combustible para sostener el cambio. Cuando las personas comprenden el impacto de su trabajo, encuentran sentido en el esfuerzo y pueden sentirse parte de aquello que la organización busca construir, entonces, la sustentabilidad empieza a integrarse a su identidad.
Mirar hacia adentro para empezar
Construir una estrategia integral de sustentabilidad requiere objetivos, indicadores y seguimiento. Pero eso no significa que una organización deba tener resuelto todo el recorrido antes de dar el primer paso.
Muchas veces, el mejor punto de partida está dentro de la propia organización:
- ¿Qué prácticas de sustentabilidad ya existen?
- ¿Qué hábitos tienen los colaboradores?
- ¿Cómo se utilizan los recursos?
- ¿Qué consumos podrían revisarse?
- ¿Qué iniciativas ambientales, sociales o vinculadas con el bienestar ya están sucediendo, aunque todavía no formen parte de una estrategia común?
Observar y escuchar antes de definir permite entender desde dónde empezamos y descubrir que, muchas veces, no se trata de crear todo desde cero, sino de identificar, conectar y ordenar lo que ya existe.
A partir de ese diagnóstico es posible priorizar iniciativas, establecer KPIs, definir objetivos alcanzables y medir su evolución en el tiempo.
Además, esta mirada evita diseñar una estrategia únicamente desde arriba, desconectada de las prácticas cotidianas y de las posibilidades reales de transformarlas.
¿Qué pasos dar para integrar la sustentabilidad en la cultura?
Hay un último paso que amplía todavía más esa mirada.
Podemos medir cuántos residuos reciclamos, cuánto redujimos el consumo o cuántas personas participaron de una iniciativa. Pero si queremos que la sustentabilidad se convierta en parte de la cultura, también necesitamos comprender cómo están viviendo las personas esa transformación:
- ¿Entienden hacia dónde va la organización?
- ¿Pueden reconocer su aporte?
- ¿Confían en quienes lideran el cambio?
- ¿Tienen oportunidades para participar y proponer?
- ¿Perciben coherencia entre lo que la organización dice y lo que efectivamente hace?
Escuchar a los colaboradores permite identificar fortalezas, resistencias y brechas que los indicadores operativos por sí solos no muestran. Ese conocimiento es la base para gestionar mejor.
Por eso, antes de preguntarnos qué más podemos hacer, vale la pena entender qué estamos haciendo hoy por la sustentabilidad y avanzar en consecuencia.
¿Qué tan integrada está la sustentabilidad en la cultura de tu organización?
Antes de diseñar grandes planes, vale la pena empezar midiendo. En Great Place To Work® ayudamos a las empresas a escuchar la experiencia de las personas, identificar oportunidades y convertir datos en decisiones efectivas para fortalecer la cultura.
FAQs
1. ¿Por qué es importante incorporar la sustentabilidad en la cultura empresarial?
Porque alinea valores con acciones reales, mejora reputación, refuerza compromiso interno y genera impacto social, ambiental y económico positivo.
2. ¿Cómo iniciar una estrategia de sustentabilidad en mi organización?
Diagnosticá prácticas actuales, escuchá a tus colaboradores y conectá iniciativas bajo objetivos claros con indicadores para medir avances.
3. ¿Qué ejemplos sencillos ayudan a crear hábitos sostenibles?
Separar residuos, reducir impresiones, optimizar energía y ofrecer capacitaciones son pequeñas acciones que, sostenidas, generan cambio cultural.
4. ¿Cómo generar compromiso en los colaboradores?
Haciendo visible el impacto real de cada acción y conectando esfuerzos individuales con logros colectivos que importan.
5. ¿Qué beneficios trae integrar la sustentabilidad en la cultura?
Aumenta la confianza, eleva el orgullo de pertenencia, mejora la imagen de marca y promueve un crecimiento responsable.

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